Cuando la noticia es el robot: una reflexión para pacientes y residentes

La reciente noticia sobre la incorporación de cirugía asistida por robot y neuronavegación en el sistema público paraguayo puede interpretarse de dos formas distintas.

https://infonegocios.com.py/minuto-salud/un-salto-en-neurocirugia-sector-publico-ya-realiza-operaciones-roboticas-y-evita-derivaciones-al-exterior

La primera, y probablemente la más evidente, es que representa un avance tecnológico. La segunda, menos visible pero quizás más importante, es que refleja una tendencia cada vez más frecuente en la medicina contemporánea: la transformación de la innovación tecnológica en herramienta de comunicación y marketing.

Los pacientes están expuestos continuamente a titulares sobre robots, inteligencia artificial, cirugía de última generación, tecnologías revolucionarias o procedimientos pioneros. La impresión que pueden recibir es que la calidad de un servicio depende fundamentalmente de la cantidad de tecnología que posee. Sin embargo, la realidad es bastante más compleja.

La mayoría de las veces, los pacientes no necesitan el hospital con más robots. Necesitan el hospital con mejores indicaciones, mejores resultados, menos complicaciones, mejor seguimiento y profesionales honestos capaces de decir «no hace falta operar» cuando esa es la mejor opción.

Para los residentes, esta situación merece una reflexión aún más profunda. A lo largo de vuestra carrera veréis cómo las noticias médicas se parecen cada vez más a campañas de imagen institucional. Cada nuevo equipo parece revolucionario. Cada adquisición parece histórica. Cada procedimiento parece marcar un antes y un después.

Pero la verdadera pregunta es: ¿cuántas de esas noticias hablan de resultados clínicos?

Es frecuente encontrar titulares sobre la compra de un robot. Es mucho menos frecuente encontrar titulares sobre:

  • tasas de infección;
  • mortalidad ajustada por riesgo;
  • resultados funcionales a largo plazo;
  • calidad de vida de los pacientes;
  • complicaciones evitadas;
  • auditorías externas;
  • análisis coste-beneficio.

Y, sin embargo, son esos indicadores los que realmente importan.

Existe un fenómeno preocupante: la medicina corre el riesgo de adoptar las dinámicas de otros sectores donde la visibilidad acaba siendo confundida con la calidad. Un hospital puede aparecer constantemente en medios y redes sociales sin que eso implique necesariamente mejores resultados. Del mismo modo, algunos de los mejores servicios del mundo apenas generan titulares porque están demasiado ocupados trabajando y evaluando sus resultados.

Los residentes deben aprender pronto a distinguir entre innovación y marketing. La innovación busca mejorar la atención al paciente. El marketing busca mejorar la percepción pública de una institución. Ambas cosas pueden coincidir, pero no son lo mismo.

La prueba ética más sencilla es imaginar que no existieran periodistas, redes sociales ni notas de prensa. Si aun así seguiríamos comprando la tecnología porque aporta un beneficio claro a los pacientes, entonces probablemente estamos ante una innovación genuina. Si la principal ventaja desaparece cuando desaparecen las cámaras, conviene preguntarse qué estamos persiguiendo realmente.

La noticia paraguaya tiene un aspecto muy positivo: aumentar la capacidad resolutiva del sistema público y evitar derivaciones al extranjero. Eso es un beneficio tangible para los pacientes. Sin embargo, la lección más importante trasciende el caso concreto. No deberíamos acostumbrarnos a medir el progreso de la neurocirugía por el número de robots adquiridos, sino por el número de pacientes mejor atendidos.

Para los pacientes, el mejor neurocirujano no es necesariamente quien utiliza la tecnología más espectacular, sino quien toma la decisión correcta.

Para los residentes, el mejor neurocirujano no es quien aparece más veces en las noticias, sino quien mantiene el pensamiento crítico incluso cuando todos a su alrededor celebran una novedad tecnológica.

La neurocirugía ha progresado gracias a la innovación. Pero también ha progresado gracias al escepticismo, a la evaluación rigurosa y a la capacidad de preguntar algo que rara vez aparece en los titulares:

¿Dónde está la evidencia de que esto mejora la vida de los pacientes?

Cuando esa pregunta deja de hacerse y solo queda la publicidad de la tecnología, la medicina corre el riesgo de convertirse en un escaparate. Y los pacientes necesitan médicos, no escaparates.

Deja un comentario