Resumen
Presentamos el caso de una mujer de 66 años, fumadora y con antecedentes de esquizofrenia y carcinoma escamoso anal estadio IV, que consultó por deterioro progresivo del estado general, desequilibrio y desviación de la comisura labial. La tomografía computarizada craneal mostró una lesión intraparenquimatosa frontotemporal derecha de aproximadamente 7,5 × 4,4 × 5,1 cm, predominantemente quística, con un componente sólido inferolateral y calcificaciones periféricas. La lesión producía colapso parcial del ventrículo lateral derecho y desplazamiento de la línea media de aproximadamente 5 mm. La resonancia magnética confirmó una lesión sólido-quística sin captación de contraste. Ante la sintomatología, el efecto de masa y la necesidad de establecer un diagnóstico histológico, se indicó craneotomía pterional derecha ampliada y exéresis de la lesión. El diagnóstico definitivo y la evolución posoperatoria no constan todavía en la documentación disponible.
Palabras clave: lesión cerebral sólido-quística, metástasis cerebral, carcinoma anal, craneotomía pterional, tumor frontotemporal, efecto de masa.
Introducción
Las lesiones cerebrales sólido-quísticas de gran tamaño plantean un problema diagnóstico y terapéutico complejo, especialmente en pacientes con antecedentes oncológicos. La presencia de una neoplasia extracraneal obliga a considerar inicialmente una lesión metastásica, aunque las características radiológicas atípicas pueden ampliar el diagnóstico diferencial hacia tumores primarios, lesiones glioneuronales, procesos inflamatorios o lesiones de evolución prolongada.
El caso resulta especialmente relevante por el gran tamaño de la lesión, su predominio quístico, la ausencia de captación de contraste en la resonancia magnética y el antecedente de carcinoma anal escamoso previamente tratado.
Presentación del caso
Mujer de 66 años con antecedente de posible reacción cutánea a macrólidos, fumadora de entre 10 y 15 cigarrillos diarios y sin antecedentes conocidos de hipertensión arterial, diabetes mellitus o dislipemia. Entre sus antecedentes médicos destacaban esquizofrenia y carcinoma anal escamoso no queratinizante estadio IV, P16 positivo y con expresión de PD-L1 del 1 %. Había recibido tratamiento sistémico con carboplatino y paclitaxel, seguido posteriormente de fluorouracilo, mitomicina y radioterapia pélvica. En mayo de 2026 continuaba en seguimiento sin signos documentados de recidiva tumoral.
La paciente acudió al servicio de urgencias por empeoramiento del estado general de aproximadamente dos semanas de evolución. Una semana antes había sido valorada por un cuadro respiratorio con aislamiento de Haemophilus influenzae sensible a levofloxacino. Los familiares referían una caída coincidente con el inicio del deterioro, acompañada de mayor desequilibrio y desviación de la comisura labial, aunque la paciente negaba traumatismo craneal directo.
En la exploración neurológica se encontraba consciente y orientada. Presentaba pupilas isocóricas y normorreactivas, movimientos oculares extrínsecos conservados y desviación de la comisura labial izquierda. No se objetivaron alteraciones adicionales de los pares craneales, déficit motor ni trastornos sensitivos en las extremidades. La marcha no fue explorada.
Estudios de imagen
La tomografía computarizada craneal identificó una gran lesión ocupante de espacio intraparenquimatosa frontotemporal derecha, predominantemente quística, con un polo sólido en su vertiente inferolateral y calcificaciones periféricas. Sus dimensiones aproximadas eran de 7,5 × 4,4 × 5,1 cm.
La lesión producía un importante efecto de masa, con obliteración de los surcos adyacentes, colapso parcial del ventrículo lateral derecho y de sus astas temporal y occipital, así como desplazamiento de la línea media hacia la izquierda de aproximadamente 5 mm. No se observaron signos de hemorragia intracraneal ni hidrocefalia.
La resonancia magnética cerebral confirmó una lesión sólido-quística frontotemporal derecha, descrita sin captación de contraste. El estudio de extensión mediante TC toracoabdominopélvico
Diagnóstico diferencial
El antecedente de carcinoma anal estadio IV hacía necesario considerar prioritariamente una metástasis cerebral. Sin embargo, algunos elementos radiológicos resultaban menos característicos de una metástasis convencional:
- predominio marcadamente quístico;
- calcificaciones periféricas;
- ausencia de captación de contraste;
- gran volumen tumoral con una clínica neurológica relativamente limitada.
Por tanto, además de una metástasis cerebral, debían contemplarse lesiones primarias de bajo grado, tumores glioneuronales, neoplasias con degeneración quística o procesos de larga evolución.
No obstante, la documentación disponible no permite establecer un diagnóstico definitivo sin el correspondiente estudio anatomopatológico.
Indicación quirúrgica
La intervención se indicó por tres motivos principales:
- La presencia de síntomas neurológicos atribuibles al efecto de masa.
- El considerable volumen de la lesión y el desplazamiento de la línea media.
- La necesidad de obtener un diagnóstico anatomopatológico que permitiera orientar un eventual tratamiento adyuvante.
La finalidad de la cirugía era conseguir la máxima resección segura, aliviar el efecto de masa y establecer la naturaleza histológica de la lesión.
Estrategia quirúrgica
Se planificó una craneotomía pterional derecha ampliada. La paciente sería colocada en decúbito supino, con la cabeza fijada en un cabezal de Mayfield y lateralizada hacia la izquierda.
La incisión se diseñó en la región frontoparietotemporal derecha, con disección interfascial del músculo temporal. Se proyectó una craneotomía de aproximadamente 9 × 7 cm, ampliada superior y posteriormente, con comprobación ecográfica intraoperatoria.
La apertura dural se realizaría en forma de C, pediculada hacia el pterion, exponiendo la primera circunvolución temporal y las circunvoluciones frontales media e inferior. El componente sólido se localizaba en la región inferolateral de la lesión, próximo a la cisura de Silvio, por lo que se consideró especialmente importante preservar las venas silvianas y las ramas de la arteria cerebral media derecha.
El vaciamiento inicial del componente quístico podía facilitar la reducción de volumen y la movilización de la cápsula. Se planificó remitir para estudio anatomopatológico muestras del componente sólido y del contenido quístico, intentando posteriormente la disección de la cápsula tumoral siempre que existiera un plano seguro.
El material previsto incluía microscopio quirúrgico, motor de alta velocidad, ecógrafo intraoperatorio y, de manera opcional, aspirador ultrasónico.
Riesgos quirúrgicos considerados
Las principales complicaciones previstas fueron:
- lesión de las venas silvianas;
- lesión de ramas de la arteria cerebral media derecha;
- hematoma del lecho quirúrgico;
- hematoma epidural;
- fístula de líquido cefalorraquídeo;
- infección de la herida quirúrgica.
Se planificó una TC craneal posoperatoria de control.
Discusión
El elemento central de este caso es la discordancia entre el antecedente oncológico, que favorece inicialmente el diagnóstico de metástasis, y una morfología radiológica relativamente atípica. La ausencia de captación de contraste no excluye malignidad, pero obliga a evitar una atribución automática de la lesión al carcinoma anal.
Desde el punto de vista quirúrgico, el componente quístico ofrece la posibilidad de una descompresión precoz mediante aspiración, aunque el verdadero riesgo se concentra en la disección del polo sólido inferolateral por su proximidad a la cisura de Silvio, las venas silvianas y las ramas de la arteria cerebral media.
La cirugía posee en este contexto una doble finalidad: terapéutica, mediante la reducción del efecto de masa, y diagnóstica, al proporcionar tejido suficiente para diferenciar una metástasis de una lesión cerebral primaria. La interpretación definitiva deberá integrar la anatomía patológica, la inmunohistoquímica y, en su caso, el perfil molecular.
Conclusión
Una lesión cerebral sólido-quística de gran tamaño en una paciente con antecedente de carcinoma anal no debe considerarse automáticamente metastásica. La ausencia de captación, las calcificaciones y el predominio quístico obligan a mantener un diagnóstico diferencial amplio.
La resección quirúrgica está justificada por el efecto de masa, la progresión clínica y la necesidad de diagnóstico histológico. El reporte permanece incompleto hasta disponer del resultado anatomopatológico, el grado de resección y la evolución posoperatoria.