Hay noticias que explican mejor que cien informes cómo funciona la gestión pública en España.
Se anuncia con orgullo la llegada de la Neurocirugía al Hospital de Dénia. Fotografía institucional. Titulares optimistas. Declaraciones sobre modernización, cercanía y mejora asistencial.
Y acto seguido aparece SATSE para recordar un detalle aparentemente secundario: quizá sería conveniente disponer de más personal.
La secuencia es tan española que casi resulta entrañable.
Primero se toma la decisión política. Después se descubre que la Neurocirugía necesita neurocirujanos. También enfermería especializada. Y anestesistas. Y quirófanos. Y UCI. Y guardias. Y protocolos. Y capacidad para responder a complicaciones a las tres de la madrugada de un domingo.
Quién podría haberlo imaginado.
Lo verdaderamente fascinante es que la noticia no denuncia un fracaso. Lo presenta como una circunstancia inesperada. Como si la complejidad de la Neurocirugía hubiera sido descubierta por accidente durante una reunión de trabajo.
La cuestión no es si Dénia debe tener Neurocirugía. Debe tenerla. La población de la Marina Alta merece acceso a asistencia neuroquirúrgica de calidad. El problema es otro: cuando un sindicato advierte el mismo día del anuncio que faltan recursos para sostener el proyecto, lo que está describiendo no es un problema de Neurocirugía. Está describiendo un problema de planificación.
En los países donde la gestión funciona razonablemente bien, primero se calcula cuántos profesionales serán necesarios, qué estructura se requiere, qué actividad puede asumirse y qué recursos deben incorporarse. Después se inaugura el servicio.
En España hemos perfeccionado el método inverso.
Primero el titular.
Luego ya veremos.
Es la misma filosofía que permitiría inaugurar un aeropuerto y comenzar después la búsqueda de pilotos. O abrir una biblioteca para descubrir semanas más tarde que sería útil comprar algunos libros.
Lo más preocupante es que este fenómeno no es excepcional. Forma parte de una cultura administrativa profundamente arraigada: la política de la fotografía antes que la política de la planificación.
Desde hace años, la línea editorial de Neurocirugia.com ha defendido algo muy sencillo: la excelencia sanitaria no depende de los anuncios, sino de los equipos. No depende de los organigramas, sino de las personas. No depende de los discursos, sino de la capacidad real para atender a un paciente cuando aparece una hemorragia intracraneal, un traumatismo grave o una hidrocefalia aguda a las cuatro de la mañana.
La Neurocirugía no se crea mediante un decreto. Se construye mediante recursos, experiencia, formación y organización.
Lo demás son notas de prensa.
Y en eso, lamentablemente, España sigue siendo una potencia mundial.