Un gran curso no hace un gran sistema: el espejo incómodo de la formación neuroquirúrgica española

Celebramos cursos de excelencia, admiramos disecciones impecables y perfeccionamos técnicas cada vez más sofisticadas. Sin embargo, la pregunta más importante de la neurocirugía sigue siendo la menos enseñada: ¿debe operarse este paciente? Porque una cirugía magistralmente ejecutada con una indicación equivocada sigue siendo un error. La mejor técnica quirúrgica jamás compensará una mala indicación.

La noticia publicada por El Periòdic presenta el curso «Anatomy Applied to Neurosurgery – The Evandro de Oliveira Legacy», organizado por el Servicio de Neurocirugía del Hospital Clínico Universitario de Valencia, como una «referencia internacional» en formación neuroquirúrgica avanzada.

https://www.elperiodic.com/valencia/clinico-valencia-consolida-curso-referencia-internacional-formacion-neuroquirurgica-avanzada_1083210

Desde una perspectiva neuroquirúrgica y académica, la afirmación merece un análisis más matizado.

Aspectos muy positivos

1. Recuperación de la enseñanza anatómica de alta precisión

La neurocirugía moderna corre el riesgo de depender excesivamente de la tecnología —navegación, realidad aumentada, tractografía, inteligencia artificial— en detrimento del conocimiento anatómico profundo.

El legado de Evandro de Oliveira representa precisamente lo contrario: la anatomía como fundamento de la excelencia microquirúrgica. Que un hospital público español mantenga un curso de disección anatómica avanzada es una noticia extraordinariamente positiva.

2. Internacionalización real

La presencia de profesores de reconocido prestigio internacional, especialmente figuras de la escuela microquirúrgica de Estados Unidos y Brasil, sitúa al curso en un nivel muy elevado dentro del panorama formativo español.

España tiene pocos programas capaces de atraer sistemáticamente a este nivel de profesorado.

3. Formación «hands-on»

La neurocirugía no se aprende únicamente leyendo artículos o asistiendo a congresos. La adquisición de habilidades técnicas exige:

  • laboratorio anatómico;
  • práctica repetitiva;
  • exposición a expertos;
  • discusión de detalles técnicos.

En este aspecto, el modelo del Clínico de Valencia es claramente superior al de muchos cursos basados únicamente en presentaciones teóricas.


Sin embargo, hay varias cuestiones que invitan a la reflexión

La mejor técnica quirúrgica jamás compensará una mala indicación

En la mayoría de los cursos de excelencia se enseñan magníficamente las técnicas quirúrgicas. Aprendemos cómo realizar un abordaje, cómo abrir una cisterna, cómo exponer una arteria o cómo resecar una lesión compleja. Aprendemos los detalles técnicos de la operación.

Sin embargo, mucho menos tiempo se dedica a la pregunta más importante de todas:

¿Debe operarse este paciente?

La indicación quirúrgica sigue siendo la gran olvidada de la educación neuroquirúrgica.

La neurocirugía moderna ha desarrollado una cierta fascinación por la complejidad técnica. El caso más difícil, el abordaje más exigente y la disección más elegante suelen ocupar el centro de la escena. Pero pocas veces se discute con la misma profundidad si la cirugía era realmente la mejor opción.

¿Existía una alternativa endovascular?

¿Era razonable un tratamiento conservador?

¿Los riesgos superaban los beneficios?

¿La calidad de vida del paciente mejoraría realmente?

¿La evidencia científica apoya la intervención?

Estas preguntas rara vez reciben el mismo protagonismo que la descripción del abordaje quirúrgico.

Y, sin embargo, constituyen el verdadero corazón de la práctica neuroquirúrgica.

Porque la excelencia de un neurocirujano no se mide únicamente por su capacidad para ejecutar una operación difícil.

Se mide, sobre todo, por su capacidad para decidir cuándo no debe realizarla.

La historia de la neurocirugía está llena de procedimientos técnicamente brillantes que, con el paso de los años, demostraron aportar poco beneficio a los pacientes. La evolución de la cirugía de la epilepsia, de determinadas intervenciones de columna o de algunas patologías vasculares es un recordatorio permanente de que la destreza técnica y la buena indicación no siempre caminan de la mano.

Un curso de excelencia debería enseñar ambas cosas.

Cómo operar.

Y cuándo no hacerlo.

La primera requiere habilidad manual.

La segunda exige experiencia, pensamiento crítico, humildad y conocimiento de la evidencia.

Paradójicamente, la segunda es probablemente más difícil de enseñar.

Resulta relativamente sencillo mostrar un vídeo de una resección compleja. Es mucho más difícil dedicar una hora a debatir por qué un paciente no debía haber sido operado o por qué otra especialidad podía ofrecer una alternativa mejor.

Pero es precisamente ahí donde se encuentra la madurez de la especialidad.

La neurocirugía del siglo XXI ya no puede definirse únicamente por la capacidad de hacer cosas extraordinarias en un quirófano. Debe definirse por la capacidad de seleccionar al paciente adecuado, en el momento adecuado y con la técnica adecuada, incluyendo la posibilidad de no operar.

Por eso, la verdadera excelencia formativa no consiste únicamente en reunir grandes maestros de la microcirugía ni en realizar disecciones anatómicas impecables.

La verdadera excelencia consiste en enseñar juicio clínico.

Porque una mala técnica puede corregirse con entrenamiento.

Una mala indicación puede cambiar la vida de un paciente para siempre.

Quizá el futuro de los grandes cursos de neurocirugía no deba limitarse a enseñar los mejores abordajes, sino también a discutir los casos que no se operaron, las alternativas terapéuticas y los errores de indicación.

Ese día habremos dado un paso decisivo.

Porque el mejor neurocirujano no es el que sabe realizar todas las operaciones.

Es el que sabe cuáles no deben hacerse.

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