La Paz forma a especialistas de diez países. Paco de Lucía ya conocía la respuesta

https://www.comunidad.madrid/hospital/lapaz/noticia/hospital-publico-paz-forma-especialistas-diez-paises-aplicacion-microcirugia-tratar-lesiones-sistema

El Hospital Universitario La Paz ha reunido esta semana a especialistas procedentes de diez países para entrenarse en técnicas avanzadas de microneurocirugía vascular.

Muchos interpretarán la noticia como una demostración de excelencia docente.

Lo es.

Pero también es una demostración de algo mucho más incómodo.

Que determinadas habilidades sólo pueden desarrollarse allí donde existen suficientes casos, suficiente tradición y suficiente dedicación para acumular miles de horas de práctica.

En realidad, la discusión no es exclusiva de la neurocirugía.

Hace años, cuando preguntaban a Paco de Lucía cómo había alcanzado un determinado nivel técnico, su respuesta era casi siempre la misma.

No hablaba de genialidad.

No hablaba de dones innatos.

No hablaba de fórmulas mágicas.

Respondía:

«Horas, horas y horas.»

La frase parece sencilla.

Pero encierra una verdad brutal.

Las habilidades extremadamente complejas no se aprenden.

Se acumulan.

Y la acumulación requiere tiempo.

Mucho tiempo.

La microcirugía vascular funciona exactamente igual.

Existe una tendencia muy extendida en la neurocirugía a pensar que basta con asistir a cursos, realizar rotaciones o participar ocasionalmente en determinados procedimientos para adquirir competencias avanzadas.

Es una ilusión.

Nadie aprende a tocar como Paco de Lucía viendo conciertos.

Nadie aprende a clipar aneurismas complejos asistiendo a congresos.

Nadie aprende a realizar bypasses cerebrales porque un programa de residencia le haya dedicado unas semanas.

La excelencia técnica surge de una exposición repetida, constante y prolongada.

Horas.

Horas.

Y más horas.

La noticia de La Paz debería interpretarse desde esta perspectiva.

No porque enseñen una técnica.

Sino porque mantienen un ecosistema donde todavía es posible acumular esas horas.

Y ahí aparece una realidad que muchos neurocirujanos encuentran difícil de aceptar.

La mayoría nunca las acumulará.

No porque sean menos inteligentes.

No porque trabajen menos.

No porque carezcan de capacidad.

Simplemente porque no disponen del volumen necesario.

La cirugía vascular compleja se está concentrando.

Y cuando una actividad se concentra, también lo hace la experiencia.

Pretender que todos los neurocirujanos dominen procedimientos que sólo realizan unos pocos centros es tan absurdo como pretender que cualquier guitarrista que toca una hora al día alcance el nivel técnico de Paco de Lucía.

El problema es que la medicina ha sido tradicionalmente reacia a reconocer esta realidad.

Todavía existe una cierta cultura según la cual todo neurocirujano debería ser capaz de hacer cualquier cosa.

Es una idea atractiva.

También es falsa.

Nadie esperaría que un guitarrista local reprodujera una soleá de Paco de Lucía al nivel de Paco de Lucía.

Sin embargo, todavía encontramos hospitales convencidos de que pueden mantener competencias extremadamente complejas con volúmenes mínimos de actividad.

La diferencia es que en la música el fracaso produce una mala actuación.

En medicina puede producir malos resultados.

Por eso la concentración no representa una derrota.

Representa madurez.

Significa reconocer que determinadas patologías deben ser tratadas allí donde existen más horas acumuladas.

Más experiencia acumulada.

Más errores ya cometidos y aprendidos.

Más conocimiento real.

Cuando especialistas de diez países viajan a La Paz, no están buscando tecnología.

La tecnología puede comprarse.

No están buscando microscopios.

Los microscopios pueden comprarse.

Lo que buscan son décadas de experiencia concentrada.

Buscan miles de horas.

Porque, al final, Paco de Lucía probablemente habría entendido perfectamente el problema de la microcirugía vascular.

Cuando alguien le preguntaba cómo se alcanzaba un determinado nivel técnico, nunca respondía con romanticismo.

Respondía con realismo.

Y el realismo sigue siendo el mismo.

Para tocar así hacen falta horas.

Para operar así también.

Y cada vez habrá menos lugares donde sea posible reunirlas.

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