La semana pasada diversos analistas financieros volvieron a fijarse en ClearPoint Neuro, una empresa dedicada al desarrollo de tecnologías para cirugía estereotáxica, administración intracerebral de fármacos, terapia génica y ultrasonido focalizado. La noticia, presentada desde el ámbito de la inversión, podría parecer irrelevante para el neurocirujano asistencial. Sin embargo, contiene una enseñanza importante.
Durante décadas, la neurocirugía ha sido definida por enfermedades: tumores, aneurismas, traumatismos, hidrocefalia o patología degenerativa de columna. Hoy observamos la aparición de un modelo diferente. El interés económico y científico se desplaza progresivamente hacia plataformas tecnológicas capaces de acceder al cerebro con precisión milimétrica para administrar tratamientos biológicos complejos.
No estamos hablando simplemente de neuronavegación o de nuevas herramientas quirúrgicas. Estamos hablando de un posible cambio de paradigma. Terapias génicas, terapias celulares, interfaces cerebro-computadora y ultrasonido focalizado comparten una característica común: todas necesitan neurocirujanos capaces de llegar al cerebro de forma segura y reproducible.
Pero aquí aparece una advertencia que los residentes deben aprender pronto.
La historia de la medicina está llena de tecnologías prometedoras que parecían destinadas a transformar la práctica clínica y que posteriormente no cumplieron las expectativas. La innovación tecnológica genera titulares. La evidencia científica genera cambios reales en la vida de los pacientes. No son lo mismo.
Que una empresa crezca, que reciba inversiones o que los analistas recomienden comprar sus acciones no demuestra que una tecnología mejore los resultados clínicos. Demuestra únicamente que existe una expectativa de que pueda hacerlo en el futuro.
Por eso, cuando leamos noticias como ésta, debemos hacernos tres preguntas:
- ¿Existe un problema clínico importante que esta tecnología pretenda resolver?
- ¿Existen resultados clínicos sólidos que respalden su uso?
- ¿Estamos ante una innovación para los pacientes o ante una innovación para el mercado?
La neurocirugía necesita innovación. Pero también necesita memoria.
Los grandes avances de nuestra especialidad no nacieron del marketing, sino de la demostración rigurosa de beneficio para los pacientes. Desde la derivación ventriculoperitoneal hasta la microcirugía vascular, pasando por la cirugía funcional moderna, ninguna técnica se convirtió en estándar porque fuera atractiva para los inversores. Se convirtió en estándar porque funcionaba.
Quizá el verdadero interés de esta noticia no sea ClearPoint Neuro.
Quizá el verdadero interés sea comprobar que, por primera vez en muchos años, el mercado financiero considera que el futuro de la neurocirugía puede estar en la terapia génica, la neuromodulación y la administración dirigida de tratamientos biológicos.
Si eso termina siendo cierto, la pregunta para los residentes de hoy no será qué instrumental utilizarán dentro de veinte años.
La pregunta será si estarán preparados para comprender la biología que viajará a través de ese instrumental.