La publicación en el Journal of Neurosurgery del estudio “Development and internal validation of the Meningioma Functional Outcome Risk and Counseling Estimator 6 score” merece atención por varias razones. La primera, porque aborda una de las preguntas más difíciles de responder en la consulta de neurocirugía:
«Doctor, ¿cómo voy a quedar después de la operación?»
La segunda, porque el trabajo cuenta con participación española. El neurocirujano Dr. Santiago Cepeda, del Servicio de Neurocirugía del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid y del Grupo Especializado en Imagen Biomédica y Análisis Computacional (GEIBAC) del Instituto de Investigación Biosanitaria de Valladolid (IBioVALL), figura entre los autores de un estudio que refleja la creciente presencia de la neurocirugía española en la investigación internacional de alto impacto.
Sin embargo, el interés de este trabajo no debe impedir un análisis crítico.
Una escala para predecir la independencia funcional
Los autores analizaron retrospectivamente 592 pacientes intervenidos de meningioma intracraneal entre 2009 y 2024. El objetivo era identificar qué pacientes serían dependientes funcionalmente seis semanas después de la cirugía (mRS ≥3).
Cinco variables demostraron ser predictoras independientes:
- origen en base de cráneo;
- localización infratentorial;
- dependencia funcional preoperatoria;
- tamaño tumoral ≥40 mm;
- elevada carga de comorbilidades según el índice de Charlson.
La combinación de estas variables dio lugar al M-FORCE 6, que clasifica a los pacientes en cuatro categorías de riesgo:
- Bajo riesgo: 6,2 %.
- Riesgo intermedio: 26,5 %.
- Alto riesgo: 46,9 %.
- Muy alto riesgo: 71,4 %.
El modelo obtuvo un AUC de 0,76, un rendimiento estadístico razonablemente bueno para una herramienta clínica simple.
La pregunta incómoda: ¿necesitábamos otra escala?
La literatura médica está llena de modelos pronósticos que terminan siendo poco utilizados en la práctica diaria. La medicina contemporánea sufre una cierta inflación de escalas: cada año aparecen nuevas herramientas predictivas y solo unas pocas consiguen modificar realmente la toma de decisiones.
La cuestión es inevitable:
¿Cambiaría nuestra indicación quirúrgica porque un paciente tenga un riesgo de dependencia del 47 % en lugar de un 26 %?
En muchos casos, probablemente no.
La indicación de cirugía de un meningioma depende de múltiples factores: edad, síntomas, velocidad de crecimiento, preferencias del paciente, experiencia del cirujano y disponibilidad de tratamientos alternativos.
Ninguna escala puede sustituir el juicio clínico.
El problema de los modelos retrospectivos
El M-FORCE 6 procede de un único centro y utiliza datos acumulados durante quince años.
Durante ese tiempo han cambiado:
- las técnicas de imagen;
- la anestesia;
- la monitorización intraoperatoria;
- la rehabilitación;
- la propia filosofía del tratamiento de los meningiomas.
Asumir que todos esos pacientes constituyen una población homogénea es discutible.
Además, el modelo carece de validación externa.
La historia de la medicina está repleta de escalas que funcionaban magníficamente en el centro donde se desarrollaron y fracasaban al aplicarlas en otros hospitales.
Antes de incorporar el M-FORCE 6 a la práctica clínica, será imprescindible demostrar que mantiene su rendimiento en cohortes independientes y, especialmente, en sistemas sanitarios diferentes.
El gran ausente: la biología tumoral
Quizá la principal limitación del estudio sea aquello que no incluye.
El modelo se basa exclusivamente en variables clínicas y radiológicas clásicas.
No incorpora:
- marcadores moleculares;
- perfiles de metilación;
- radiómica;
- fragilidad;
- sarcopenia;
- inteligencia artificial basada en imagen.
Paradójicamente, una herramienta que pretende representar el futuro de la medicina predictiva se construye con variables que pertenecen, en gran medida, al pasado.
La neurooncología está entrando en una era en la que la biología del tumor será tan importante como su localización anatómica.
Los modelos del futuro probablemente combinarán datos clínicos, radiológicos, moleculares y funcionales en sistemas predictivos mucho más complejos y precisos.
¿Por qué seis semanas?
El estudio elige como desenlace la independencia funcional a las seis semanas.
La elección es razonable desde un punto de vista metodológico, pero plantea interrogantes.
Muchos pacientes presentan déficits transitorios que mejoran significativamente a los tres o seis meses.
Por ello, el M-FORCE 6 podría estar sobreestimando el riesgo de mal resultado funcional permanente.
Desde la perspectiva del paciente, quizá las preguntas realmente importantes son otras:
- ¿Podré volver a caminar?
- ¿Podré volver a trabajar?
- ¿Recuperaré mi capacidad cognitiva?
- ¿Cómo será mi calidad de vida dentro de un año?
Ninguna de estas cuestiones queda respondida por el modelo.
La verdadera importancia del artículo
A pesar de todas sus limitaciones, el estudio tiene un enorme mérito conceptual.
Nos obliga a cambiar de pregunta.
La neurocirugía del siglo XX preguntaba:
¿Podemos operar este tumor?
La neurocirugía del siglo XXI debe preguntarse:
¿Qué resultado funcional obtendrá este paciente concreto si lo operamos?
Son preguntas radicalmente distintas.
La primera mide nuestra capacidad técnica.
La segunda mide el beneficio real para el paciente.
Y ahí reside la verdadera aportación del M-FORCE 6.
La lección para la neurocirugía española
Quizá la principal enseñanza del artículo no sea la escala en sí.
La pregunta que deberíamos hacernos es otra:
¿Estamos midiendo sistemáticamente nuestros resultados funcionales?
La mayoría de los servicios de neurocirugía españoles carecen de:
- registros prospectivos de resultados;
- bases de datos funcionales;
- auditorías periódicas de calidad;
- sistemas de seguimiento centrados en el paciente.
Sin datos propios, ninguna herramienta predictiva podrá transformar nuestra práctica.
Antes de construir algoritmos complejos, debemos aprender a medir de manera rigurosa cómo quedan nuestros pacientes.
Porque al final, el verdadero éxito de la cirugía de un meningioma no se encuentra en una resonancia postoperatoria ni en el grado de Simpson.
Se encuentra en algo mucho más sencillo:
que el paciente pueda volver a su vida.
Referencia
Martinez-Perez R, Cepeda S, Ahmad M, Hemmer S, Erickson P, Monaco EA III, Lee PS, Conger AR, Schirmer CM. Development and internal validation of the Meningioma Functional Outcome Risk and Counseling Estimator 6 score, a point-based prognostic tool for predicting 6-week functional independence after intracranial meningioma resection. Journal of Neurosurgery. 2026. doi:10.3171/2026.1.JNS252588.