Tomografía de coherencia óptica en neurocirugía

Es un momento clave: cuando los neurocirujanos se enfrentan a la extirpación de un tumor cerebral. Todo un reto. A veces, su extensión dificulta su separación del tejido circundante y otras, por su localización, la intervención resulta compleja. Por ejemplo, si se encuentra cerca de los nervios oculares, porque existe el riesgo de perder la vista. Ahora, un equipo de científicos de la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, EEUU) propone el uso de un tipo de tecnología que podría ofrecer un mapa con un código de colores para distinguir con mayor precisión las zonas cancerígenas de las sanas.

En cada ocasión, recalcan los científicos, “intentamos sacar la mayor cantidad de cáncer posible, manteniendo el tejido cerebral fundamental intacto, para evitar daños en partes del cerebro como las relacionadas con el habla o el control motor”. Una labor minuciosa y delicada en la que, según los datos de su último estudio, la tomografía de coherencia óptica (OCT por sus siglas en inglés) podría desempeñar un papel “signiticativo”.

Se trata de una técnica de imagen que se desarrolló a principios de 1990 y que actualmente se utiliza en el campo de la Oftalmología. A través de este aparato se obtienen imágenes de alta resolución de la retina y del nervio óptico, “casi como las que se lograrían tras una biopsia de la zona”, señalan los autores de este trabajo, publicado esta semana en la revista Science Translational Medicine.

Partiendo de este valor, el mexicano Alfredo Quiñones-Hinojosa, del departamento de Neurocirugía, Neurología y Oncología en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y líder del equipo de investigación, pensó que “la tomografía de coherencia óptica podría tener un fuerte potencial a la hora guiar a los cirujanos sobre dónde cortar exactamente el tumor”.

El principal problema de nuestro trabajo, expone Ricardo Díez Valle, coordinador del área de Neurooncología de la Clínica Universidad de Navarra, al comentar el trabajo de Baltimore, es que “la mayoría de los tumores que crecen dentro del cerebro son difusos, no tienen un borde claro y las células se infiltran e invaden tejido circundante, por lo que es muy difícil que la cirugía sea curativa”. Hay células que escapan. Lo ideal sería “encontrar alguna terapia dirigida” contra las mismas y con la que acompañar la cirugía. “Se sabe que al quitar la parte del tumor que no está mezclado con el cerebro, los pacientes ganan en calidad de vida y supervivencia, pero al no haber un borde exacto, es difícil ver hasta dónde se puede cortar sin hacer daño al paciente”. Si se tocan zonas asociadas con el movimiento de las extremidades, el afectado quedará impedido.

Para reseccionar el máximo de tumor de forma segura, en la práctica habitual, los neurocirujanos se pueden apoyar en varios aparatos, a veces usados en conjunción, dependiendo de las posibilidades de cada centro hospitalario. Por un lado, la cirugía guiada con fluorescencia. “Consiste en una guía a tiempo real que tiñe las células tumorales y nos ha permitido mejorar mucho las delimitaciones”, apunta Díez Valle. Aunque sólo sirve para los tumores más graves. También se utiliza la resonancia intraoperatoria de alto campo. “Ésta vale para todos los tumores, pero no es a tiempo real. Tienes que parar para hacer el estudio de imagen (tarda unos 20 minutos). Sigues operando y se vuelve a comprobar a través de esta técnica si aún queda más tejido o no por extirpar”. La ecografía es otro de los elementos que, sobre el cerebro, ayuda a intervenir en tiempo real. “Se usa en todos los tumores, pero es menos específica o menos milimétrica. La resolución no es tan buena”. Ecógrafos hay en toda España, señala el neurocirujano español. “Fluorescencia en unos 30 hospitales y resonancia de alto campo, ninguna en nuestro país, sólo de bajo campo (con peor resolución de imagen)”.

Existe una cuarta tecnología: la monitorización neurofisiológica. “Consiste en una serie de pruebas que ayudan a descifrar qué función tiene cada parte del cerebro […] Así, cuando hay que seguir cortando, se puede valorar la función de la zona para tomar una decisión. Si el área es importante para mover una pierna o para el lenguaje, aunque haya células tumorales, tenemos que parar”, argumenta Díez Valle. Se trata de encontrar el límite máximo hasta donde haya una función.

Durante la última década, varios son los grupos de investigación de todo el mundo, entre ellos este equipo de la Universidad Johns Hopkins, que están trabajando con el objetivo de desarrollar y aplicar tecnología que ayude a extirpar todas las células tumorales sin dañar al paciente. Quiñones-Hinojosa y sus colegas apostaban por la tomografía de coherencia óptica. Descubrieron una propiedad especial en las células cancerosas del cerebro. “Carecen de las llamadas vainas de mielina que recubren las células sanas del cerebro”, lo que facilita una composición de imagen a la tomografía de coherencia óptica. A partir de aquí, y tras desarrollar un algoritmo informático para procesar los datos cerebrales y traducirlos en una imagen de colores que distingan las zonas cancerígenas de las sanas, los autores han comprobado el papel de esta herramienta en dos modelos: muestras de pacientes y en ratones. En estos animales, “mientras se miraba la pantalla de la imagen actualizada de la ubicación del cáncer, el experto iba extirpando el tumor”, comenta uno de los especialistas de Baltimore. Los investigadores esperan comenzar ensayos clínicos con humanos este verano.

Dados los primeros resultados en animales, subrayan los científicos en el artículo, la resolución de la tomografía de coherencia óptica es tan fina como la de la resonancia de alto campo, “no emite radiaciones ionizantes a los pacientes, no es invasiva, ofrece imágenes en tres dimensiones, en tiempo real” y serviría para todos los tumores cerebrales. Es cierto que se presenta con todas estas ventajas, indica el especialista español, pero “aún no se ha comprobado en pacientes”. Hay otras tecnologías que también prometen algunas mejoras, “como la microscopía confocal, también a falta de ensayos clínicos”. En cuanto a la radiación y la invasión, ninguno de los aparatos utilizados en este escenario (en España) “emiten radiación ni son invasivos”, pero la OCT ofrecería buena resolución en tiempo real y en todos los tumores. “Reduce tiempo y coste”, apostilla Quiñones-Hinojosa. “Podría ahorrar cientos de miles de dólares”.

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