Trasplante de cabeza

No ha pasado ni una semana desde que el neurocirujano italiano Sergio Canavero afirmó en un extenso artículo que, dentro de apenas dos años (en 2017), podrá trasplantar la cabeza de un ser humano. Sin embargo, en ese escaso tiempo ya han sido muchas las voces expertas que han manifestado su reticencia a este proyecto por considerarlo como una mera ensoñación.

De todas ellas, algunas como la de Carlos Ruiz Ocaña (presidente de la Sociedad Española de Neurocirugía) han llegado desde nuestro país y han sido tajantes: «Es absolutamente imposible que la ciencia pueda trasplantar una cabeza humana, al menos en las condiciones que se afirman en este proyecto».

Existen dificultades insalvables a la hora de realizar un trasplante de este estilo de forma totalmente eficaz. En primer lugar, Canavero cree que sería factible utilizar una sustancia química llamada polietilenglicol para que los huesos de la médula espinal se fundieran «como dos espaguetis en un recipiente de agua caliente».

Esta idea no es compartida por Ruiz-Ocaña, quien considera que este material sirve para consolidar los huesos de la columna, pero no permitiría que los impulsos del cerebro se transmitieran a las extremidades. «El polietilenglicol hace que los huesos queden unidos, pero no permite que las corrientes que envía el cerebro lleguen hasta los brazos y las piernas. Esas funciones, por lo tanto, no se podrían transmitir a la médula», afirma Ocaña.

Así pues, y aunque el paciente tendría su cabeza en el cuerpo de otra persona, no podría llegar a moverse. El resultado sería similar al que obtuvo el cirujano Robert White en 1970, año en que trasplantó la cabeza de un chimpancé sin conseguir que el animal resultante pudiese alzar siquiera un brazo.

En este sentido, el experto español afirma que lo difícil no es amputar la cabeza de un paciente y unirla a un cuerpo ajeno, sino lograr que, tras la costosa operación, su cuerpo se mueva: «Trasplantarla como tal es posible, sólo hay que unir las arterias –que envían la sangre al cerebro- y las venas –que la sacan-. Eso es lo fácil, lo difícil es unir el cerebro con la médula de forma efectiva».

Por ello, el neurocirujano considera que esta operación no será factible hasta dentro de un siglo, cuando se haya investigado lo suficiente como para que la unión entre cerebro y médula pase a ser total.

«Para llevar a cabo esta operación habrá que esperar hasta que se hayan estudiado a fondo las células madre. A través de ellas sí es posible que ambas partes se ensamblen de forma efectiva. Cuando logremos eso, habremos conseguido curar a los tetrapléjicos, cuyas lesiones están relacionadas con la médula», añade el neurocirujano. Mientras esto no suceda, Ocaña afirma que «no hay base científica para afirmar que puede trasplantarse una cabeza hasta dentro de un futuro muy lejano».

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