Juan Francisco Martínez-Lage, Neurocirujano ´Hay que hablar con el paciente, sentarse con él y cogerle la mano´

martinezlageEl doctor Juan Francisco Martínez-Lage ha recibido el Premio Hipócrates 2014 del Colegio de Médicos de la Región de Murcia – La organización hizo ayer entrega de los galardones en la cena de gala del VI Encuentro Colegial, que se celebró en Cartagena.

El doctor Juan Francisco Martínez-Lage, tras 46 años dedicado a la Neurocirugía y más de 8.000 operaciones a sus espaldas, ha recibido este año el Premio Hipócrates 2014 a la dedicación y trayectoria profesional que concede, anualmente, el Colegio de Médicos. Almeriense de nacimiento, estudió Medicina y Cirugía en la Universidad Complutense de Madrid y se formó como especialista en el Hospital La Paz, trasladándose en 1971 a Murcia para participar en la creación del Servicio de Neurocirugía de la Región.

— Recibe el Premio Hipócrates 2014 del Colegio de Médicos a la trayectoria profesional, ¿qué supone para usted este reconocimiento?
—Por un lado, es una sorpresa y un gran honor y, por otra parte, tengo la sensación de que es inmerecido, ya que trabajar en un hospital y en un equipo implica que el premio es de todos y no de una única persona.

— Es uno de los padres del Servicio de Neurocirugía de la Región de Murcia. ¿Cómo fue el proceso de su creación?
—En aquel año había pocos especialistas en España. En 1969, se convocaron unas oposiciones en la que siete ciudades optaban a abrir un Servicio de Neurocirugía. El Dr. Poza era mi jefe y, aunque no es murciano, eligió Murcia. Yo vine con él porque era el único jefe con el que no me daba miedo hablar. Por aquel entones teníamos grandes dioses de la Neurocirugía en España y me producían un miedo reverencial. Sin embargo, con el Dr. Poza tenía plena confianza.

— ¿Cómo ha evolucionado la profesión desde que empezó a ejercer?
—Muchísimo, especialmente en el campo de la tecnología y en la disponibilidad de métodos de estudio y aparatos que ahora ya se usan a diario. Por otra parte, cuando empecé, la Medicina era mucho más clínica, nos fiábamos más de la valoración clínica, el martillito de reflejos, el alfiler para explorar la sensibilidad y la conversación con el enfermo.

— ¿Qué le diría a los residentes que se incorporan estos días?
—Les aconsejaría que hablen con sus pacientes, que se sienten en el borde de la cama y le cojan de la mano. Tienes que darte cuenta de que es un ser humano que sufre y tú estás en superioridad porque estás sano y él no. También les diría que si consideran que tienen que decirle algo al paciente, o hacer alguna prueba más, que lo hagan y no esperen al día siguiente.

—Tras 46 años trabajando, ¿cuál es el mejor recuerdo que guarda de sus años como médico?
—Hay miles de recuerdos y anécdotas. De algunas podríamos escribir un libro porque tienen mucha gracia, otras son más serias y tristes. Algo que, especialmente, me sorprende después de tantos años es que sigo pensando que nadie me conoce cuando voy por la calle, como me ocurría cuando llegué a Murcia siendo joven. Esa sensación la sigo teniendo, pero hay veces que entro a una tienda y se me acerca una dependienta, me saluda y veo que me tiene aprecio.

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