Google Glass

Un médico con dos gafas superpuestas no parece un ejemplo de confianza. Pero si el segundo par es una de las ya famosas (aunque todavía no comercializadas) Google Glass, la cosa cambia.

Más de 265 lugares del mundo (universidades, hospitales, sociedades médicas) se conectaron en este último alarde de la tecnología: retransmitir una operación desde el punto de vista del cirujano principal.

Aparte de algunos incidentes técnicos —en el salón de actos de la clínica a veces se perdía la señal de las gafas, que, sin embargo, podía seguirse en YouTube—, las dos horas de intervención fueron un ejemplo de cómo puede ser la docencia de la medicina (y, seguramente, de muchas otras disciplinas) del futuro. “Hemos pasado de las peceras de los quirófanos antiguos [las salas con paredes de cristal detrás de las cuales los alumnos seguían las explicaciones del profesor] a esto”.

Se seguía además por medios que, a estas alturas, pueden considerarse casi tradicionales: cámaras de ambiente, que recogen la actividad del quirófano.

Pero la docencia es solo una parte de la utilidad de esta conjunción de tecnologías. La posibilidad de asesorar a un médico poco experto en una técnica es la otra. Si este dispusiera de un sistema de transmisión como el de las gafas de Google, un especialista podría orientarle casi al milímetro en una intervención.

Solo la falta de equipos y líneas de conexión suficientemente potentes impide que las consultas a distancia sean algo generalizado.

Y quien dice la consulta, dice el seguimiento. La famosa telemedicina, cuyo nombre puede acabar gastado antes de su completa implantación, está todavía en mantillas.

En especialidades quirúrgicas, mientras mejor prepares la teoría, mientras más vídeos veas, mejor será la práctica. Y más ahora con los recortes que no se viaja a congresos, o en procesos como este, que solo hace un médico”.

 

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